El gran héroe de Chorrillos

“Si tuviera mil vidas, gustoso las perdería antes de denunciar a los patriotas o traicionar a mi patria”. Fueron las últimas palabras de un hombre que hace 187 años defendió a lo que hoy sentimos como patria.

Era 1823 cuando, a pesar de que la Independencia del Perú ya había sido declarada dos años atrás, el ejército Realista comandado por el español Ramón Rodil, ingresa a Lima y obliga a todos los miembros del congreso y al Presidente de esa época  José de La Riva Agüero a refugiarse en El Castillo  Real Felipe.

En esta época imperaba un ambiente hostil y anárquico, debido a los conflictos entre Patriotas, defensores de la soberanía del Perú, y Realistas, españoles que se aferraban a estas tierras. Sin embargo, había un lugar en el cual estas rivalidades no parecían tener la más mínima relevancia: La caleta de San Pedro de Chorrillos.

Durante años,  pequeñas comunidades herederas de culturas andinas, se establecieron en la costa central del país, alejados del virreinato español debido a la propagación de haciendas que los despojaban de sus orígenes, deciden aislarse de ellos y de otras etnias, para mantener vivas sus tradiciones  y costumbres andinas lejos del dominio occidental.

Es en una de estas pequeñas comunidades, conocido como San Pedro de Chorrillos  donde nace José Silverio Olaya Balandra, quién junto a sus padres se dedicaría a la pesca artesanal, y destacaría por dominar las bravas aguas del litoral peruano, haciendo frecuentes recorridos de 15 km en balsa, desde Chorrillos hasta el Callao, en donde vendía los productos que rescataba del mar.

Es en uno de estos viajes, cuando Juana de Dios Manrique de Luna, sobrina de un destacado político que estaba en el Real Felipe; le pide que se comunique con su tío. Es aquí donde el presidente De la Riva Agüero, da cuenta del potencial que tenía Olaya para establecer comunicación entre los Patriotas, logrando importantes y precisos ataques a sus contendores,  haciendo que el gobernador Ramón Rodil, sospechara  que alguien vigilaba sus pasos.

El 27 de junio de 1823, a las cinco de la tarde, José Olaya cae preso de manos de tropas rivales sin embargo como un símbolo de patriotismo y lealtad, ya había arrojado oportunamente a una acequia cercana el paquete de comunicaciones que le había sido encomendado, sin increíblemente fue llevado  al calabozo de Palacio solo por llevar  una escarapela en el pecho.

Entre el 28 y 29 de Junio, Olaya fue duramente torturado, recibiendo 200 palazos en todo el cuerpo, lo colgaron de los pulgares, le arrancaron las uñas  y apretaron sus dedos a la llave de un fusil, sin embargo el pescador chorrillano, en silencio. De su boca no salieron más palabras que “Si tuviera mil vidas, gustoso las perdería antes de denunciar a los patriotas o traicionar a mi patria”, segundos antes de ser fusilado en la Plaza de Armas el 29 de Junio a las once de la mañana.

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